La ira es una emoción básica y universal que aparece cuando sientes que tú, o algo o alguien que te importa, está siendo atacado o insultado. También es frecuente mostrar ira, muy corriente en la infancia, cuando nos sentimos inseguros, injustamente tratados o cuando se nos impide conseguir nuestros deseos o metas. Los expertos señalan que la ira es muy común y que tendemos a tener emociones cercanas a la ira, como enfado, irritación o indignación, entre 3 y 15 veces al día. Pero cómo gestionamos estas emociones explosivas varían mucho de una persona a otra y es lo que marca la diferencia. Cuando nos enfadamos, se dispara el reflejo de huir o agredir, y literalmente, nos calentamos: la ira genera un subidón de hormonas estresantes como la adrenalina y el cortisol. Es lo que el psicólogo Daniel Goleman llama secuestro emocional de la ira, una respiración automática y emocional del cerebro, que nos puede llevar a hacer cosas de las que nos arrepentimos al poco tiempo. Los neurocientíficos hablan del cuarto de segundo mágico, en el que aún estamos a tiempo de enfriar la ira y calmarnos, antes de que ésta nos secuestre. Como todas las emociones, la ira se puede aprender a gestionar y regular. La ira, puede ser incluso útil y positiva, cuando es el germen de la justicia social, porque nos da fuerza para luchar y defender por lo que creemos o de lo que somos responsables.
Claves para ayudar a tus hijos a gestionar la ira y los enfados


