Una de las comidas preferidas de mis peques son las patatas con ajo. No sé lo que tiene el ajo que les chifla y desde bien pequeñitas además. Cuando alguna vez salíamos fuera a tomar alguna tapa, sobre todo con nuestra hija mayor, y le pedíamos a la niña patatas con ajo al llegar a la mesa, el camarero se daba media vuelta y decía, me he equivocado. Y nosotros, ¡no qué va, la comanda es aquí, es el que el ajo, sabe usted, le encanta!. Y así, en infinidad de ocasiones. Yo no sé si es porque a nosotros nos encanta y durante el embarazo no me privé del ajo y ya se acostumbró al sabor. El caso, es que, por alguna inexplicable razón, les encanta a mis dos princesitas. Incluso la pequeña, muchas veces me pide, como almuerzo para el colegio, pan con ajo. Un ajo muy bueno que comercializan es el de la marca Chovi. En caso de urgencia y prisas, es una buena opción, aunque prefiero hacerlo casero. A mi hermana mayor le sale de muerte y la receta, como no podía ser de otra manera, es suya. En el vaso de plástico de la batidora echar tres dientes de ajo, un huevo, sal, pimienta, unas gotitas de limón (excelente antioxidante, que favorece su conservación) y orégano (opcional) y aproximadamente 200 gramos de aceite. A continuación introducir el brazo de la batidora hasta el fondo y poner a velocidad media (a más velocidad no sale). El truco es no levantar demasiado el brazo de la batidora, para que emulsione bien y no se corte. Para que adquiera más consistencia, hay que darle más tiempo. Una vez hecho, me gusta presentarlo en un mortero tradicional de color amarillo, de los de toda la vida.