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Visita al Palacio Califal del santuario Virgen de las Huertas, en Lorca (Murcia)

Una de las visitas más enriquecedoras de este verano fue la visita guiada a los restos del Palacio Califal del siglo X, que se encontraron en el año 2000, gracias a unas obras que realizaron los franciscanos y que diecisiete años después, es la segunda vez que se abre al público, tras la noche de los Museos, el pasado 17 de mayo. Este sábado 2 de septiembre, se volverá a abrir de nuevo al público, porque la idea es realizar visitas a estos restos, los primeros sábados de cada mes. La visita dura una hora y el punto de encuentro es un lateral del convento Virgen de las Huertas. Cuesta 4 euros adultos y niños mayores de 12 años. Menores de 12 años gratis y cuesta 1 euro, si tienes la tarjeta de Amigos del Castillo de Lorca, que te la expiden en oficina de Turismo de la plaza de España o en el mismo castillo de Lorca y que tiene validez durante 1 año. El dinero recaudado se invierte para seguir acometiendo las reformas que necesita el santuario.
Bajo el santuario de la Patrona de Lorca, la Virgen de las Huertas, se erigen los restos de un palacio califal de finales del siglo X y principios del XI. De manera casual apareció un muro de mampostería construido a soga y tizón, con 4 arcos pintados en rojo y blanco, como la mezquita de Córdoba, con arcos lobulados. Se han encontrado también restos funerarios, pinturas murales, una moneda acuñada en Tánger en el siglo VII u VIII y un altar con un friso del siglo XV. (Es una Piedad, que pudo corresponder al tímpano de la principal puerta de acceso al templo y que representa a la Virgen con el Cristo muerto y a ambos lados un San Juan y una Magdalena) .
Sobre estos restos abandonados, y que fue sede del campamento militar de Alfonso X el Sabio, en su conquista del reino nazarí de Granada, en 1244 se empezó a construir encima, el convento franciscano. En el siglo XVII hubo una gran riada, quedando las estructuras en ruinas. Las evidencias de esta  riada se han documentado en la excavación arqueológica, en un potente depósito de limos de color rojizo, que se pueden apreciar cuando se visitan los restos. Para asentar la nueva estructura se rellenó con los escombros del edificio anterior, perteneciente a una de las capillas de la antigua iglesia. Parte de esta escalera se apoya en el paramento islámico, para lo cual se tuvieron que desmontar algunos sillares del mismo que fueron reutilizados en el relleno.